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Hackearon cuentas de Instagram de contenidos feministas.

Una editorial, una ilustradora y comunicadoras feministas sufrieron un ciberataque y llamaron a extremar cuidados para evitar caer en este tipo de engaños y/o robos de identidad en redes sociales.

Las cuentas de Instagram de la Editorial Chirimbote, que publica libros de “género sin violencia”, y de la ilustradora Ro Ferrer fueron hackeadas y otras dos comunicadoras feministas sufrieron intentos parecidos, según denunciaron hoy en sus redes, desde donde llamaron a extremar cuidados y se preguntan sobre la naturaleza de este ciberataque.
La que las tuvo como víctimas es una estafa virtual bastante común que consiste en el robo, mediante engaños, de cuentas en redes sociales “que luego vacían de contenidos, cambian de nombre y venden” con sus seguidores, explicó a Télam el titular de la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (UFECI) de la Procuraduría General de la Nación, Horacio Azzolin.
La maniobra comienza con un mensaje directo en inglés: “Una infracción a las reglas de derechos de autor de Instagram fue encontrada en su perfil”, una advertencia común cuando se suben contenidos de música o video.
“Si no apela dentro de las 48 horas, su cuenta se desactivará permanentemente y no podrá volver a abrirla”, seguía el mensaje directo de una falsa cuenta de Instagram “helpcopyrightservices” o similar, que a continuación pide “completar el formulario de apelación”.
Pero cuando se accede a este link, el programa solicita la contraseña para una nueva verificación que, si se tipea, implicará perder toda posibilidad de reingresar a su cuenta, además de todos sus contenidos y seguidores.

“Teníamos 300.000 seguidores y, si no recuperamos la cuenta, tendríamos que empezar de cero”, contó a Télam la periodista, docente y escritora Nadia Fink, quien está al frente de la Editorial Chirimbote junto al diseñador Martín Azcurra y el ilustrador Pitu Saa.
La cuenta @chirimbote, de esta editorial independiente dedicada a la promoción de infancias libres y géneros sin violencia, ya lleva más de una semana desaparecida de la red y “está en estudio la posibilidad de una denuncia judicial” por este ataque, camino que también recorre Ro Ferrer.
“Sentimos la urgencia de contarlo en nuestras redes para advertir que de ninguna manera se pongan contraseña y usuario en formularios que aparecen para llenar, porque ninguna red social debería pedirte eso”, contó Fink.
Por eso, desde la cuenta de Facebook de la editorial postearon la semana pasada un dibujo de Frida Kahlo de la Colección Antiprincesas con una mano tapándole la boca y el siguiente mensaje: “Nunca pero nunca le entreguen los datos a nadie, aunque parezcan abogados de confianza, amigos preocupados o cualquier excusa que fuera”, porque “el phishing (pesca de datos) es una estafa que nos silencia”.
Para Fink, más allá de la pérdida de contenidos o seguidores, “lo importante es compartir conocimientos” sobre el cuidado de la seguridad en redes sociales y “tejer redes para que si le pasa a una, nos avisemos” y se activen las alertas; pero también para “pensar colectivamente esas acciones desde una mirada feminista”.
“Les di la llave de mi casa”, se lamenta, a su turno Romina “Ro” Ferrer, que no sólo perdió acceso a su cuenta de Instagram con casi 60 mil seguidores, sino que ésta sigue activa bajo dominio de otra persona que postea fotos desconocidas en su muro y hasta contesta menciones, adjudicándose el hackeo de @roferrer ilustradora.
La dibujante y activista tuvo que crear una nueva cuenta [email protected], desde donde informa su cambio de usuario, explica con una serie de dibujos qué es el “phishing” y llama a denunciar la suplantación de identidad.
“Como es mi cuenta laboral, no le pueden cambiar el nombre porque está verificada, y eso me preocupa porque todo lo que hagan, lo hacen con mi nombre”, dijo.
Para Ferrer, el daño se comete en varios sentidos porque “perdí los seguidores producto de años de estar activando desde esta cuenta”, pero también “contacto con un montón de posibilidades para expandir mi laburo” y, lo más importante, “un montón de datos (sensibles) de compañeras” que puedan ser usados para afectarlas en su “credibilidad” como activistas.
También intentaron robarle sus cuentas a la periodista Luciana Pecker (128 mil seguidores), que así lo denunció en un estado, y a la revista “Feminacida” (101 mil seguidores).
“El mensaje parecía muy real, alguien dijo que deberíamos mandar el formulario pero nos demoramos porque había dudas y después vimos que advertían en Instagran sobre esta situación y decidimos ignorarlo”, dijo a Télam Agustina Lanza, codirectora de Feminacida.
“Es terrible que puedan robarte de un plumazo todos tus contactos y una cuenta que es la puerta de entrada para un medio web como el nuestro, al que sin redes sociales es muy difícil llegar”, dijo.
 

Respecto a un eventual trasfondo misógino o antiderechos en estos ataques, ninguna lo descarta, pero tampoco lo aseveran y reconocen que este tipo de campañas de hackeo existen desde hace años, con todo tipo de víctimas.
“No creo que sea el azar, para mí hay un componente ideológico en estos ataques porque supe de un grupo de hackers que atacan a activistas de derechos humanos. Yo ya tuve varios ataques en redes: el año pasado me hackearon el Twitter pero lo pude recuperar”, dijo Ferrer.
“Buscan robar los seguidores, pero no sabemos si es con fines exclusivamente comerciales o tiene que ver con algún matiz ideológico, porque hemos recibido ataques muy violentos para ciertas publicaciones específicas como cuando difundimos el libro ‘Feminismo para jóvenas’. Llegaron al punto de amenazarnos con tirarnos ácido por el tema del lenguaje”, dijo Fink.
“Es muy raro que todas las atacadas sean cuentas feministas, hay algo extraño ahí. No vi esta vez otras cuentas que hayan padecido lo mismo fuera de las nuestras”, dijo Lanza.



(Jc)