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Día Mundial contra el cáncer de cuello uterino

Recientemente y como es de público conocimiento, se han tomado una gran cantidad de medidas sanitarias para prevenir la propagación, morbilidad y mortalidad causadas por el Covid-19 (coronavirus).
 

Todas medidas totalmente atinadas y necesarias, con un gran impacto económico, pero quisiera en esta fecha, traer a colación la lucha contra el cáncer de cuello uterino, que es causada por el virus del papiloma Humano (VPH).
En Argentina mueren anualmente, aproximadamente 1.800 mujeres (la misma cantidad de muertes hasta la fecha de redacción de este artículo, que en Italia por el coronavirus) y enferman 5.000 mujeres por cáncer de cuello de útero, siendo ésta una enfermedad altamente prevenible. 
Se calcula que el 70 a 80% de la población está afectada por este virus.
En la mayoría de los casos, cura espontáneamente, pero si persiste, los cambios celulares que produce, pueden evolucionar al cáncer.
Desde el momento de su contagio, el virus puede producir lesiones precancerosas (llamadas precursoras), que hasta que evolucionan al cáncer, pasan aproximadamente 10 años.
En este período, mediante la citología (prueba de Papanicolaou), colposcopía y/o detección viral, se pueden detectar lesiones producidas por el virus, asintomáticas, antes de la aparición del cáncer. A esto se le llama tamizaje (screening).
Una vez diagnosticada la lesión precursora, mediante un tratamiento sencillo, se logra eliminar la progresión de la enfermedad.
De esta forma se logra la prevención del cáncer de cuello uterino.
Actualmente la OMS considera al cáncer de cuello uterino como una enfermedad de la pobreza, porque afecta predominantemente a aquellas mujeres que no tienen acceso a la salud, por imposibilidad, falta de transporte, desconocimiento o falta de conciencia en su prevención.
La mujer afectada por esta enfermedad, generalmente es madre de muchos hijos, muchas veces sostén de familia y su muerte deja a esos niños en riesgo de vulnerabilidad social, lo que a su vez retroalimenta la pobreza.
Es por esto que la lucha contra el cáncer de cuello uterino es una lucha directa contra la pobreza.
La prevención primaria comienza con la vacunación de las niñas de 9 a 14 años antes de que inicien su vida sexual.
Otras intervenciones preventivas recomendadas por la OMS, destinadas a chicos y chicas, según proceda son: educar en materia de prácticas sexuales seguras y retrasar el inicio de la actividad sexual, promover el uso de preservativos y suministrarlos a quienes ya hayan iniciado su vida sexual, advertir contra el consumo de tabaco, que a menudo comienza en la adolescencia y es un factor de riesgo importante de cáncer de cuello y de otros tipos de cáncer.
Las mujeres deben saber que, tanto en la salud pública como privada, es su derecho y deber, realizarse las pruebas de tamizaje, sin necesidad de orden médica previa, siempre y cuando estén comprendidas en el rango de edad (según el Instituto Nacional del Cáncer entre los 25 y los 65 años).
Es deber de las autoridades de salud bregar para la concientización en la prevención de esta enfermedad, pero también de la comunidad médica, de los medios de comunicación, de las obras sociales, ONGs, las familias y población en general.
Si se ha invertido una enorme cantidad de recursos en frenar el coronavirus, sería también de gran importancia la prevención del cáncer de cuello uterino.
El cáncer de cuello de útero puede ser combatido muy eficazmente y disminuir sensiblemente su incidencia en poco tiempo, si tomamos conciencia de la importancia de la prevención y aplicamos los recursos disponibles.